Entrenamiento · Investigación

Zona 2: lo que dice la ciencia, lo que se le atribuye y la diferencia entre ambas cosas

En los últimos años, el entrenamiento en Zona 2 se ha convertido en el consejo más repetido del mundo running. La base científica es real. El problema está en cómo la mayoría de corredores populares la calcula.

Reloj deportivo con pantalla mostrando duración, distancia y frecuencia cardíaca durante un entrenamiento
El pulsómetro es la herramienta más usada para estimar la Zona 2. Su precisión depende de cómo se calibra y para quién. Foto: streetsh / Unsplash

En febrero de 2025, un panel de 14 expertos —científicos del deporte y entrenadores de ciclismo profesional— convocado por el International Journal of Sports Physiology and Performance llegó a una conclusión que no ha llegado a ningún carrusel de Instagram: la Zona 2 debe entrenarse a intensidades inmediatamente por debajo del primer umbral de lactato o ventilatorio (LT1/VT1). Antes de este consenso no existía definición unificada entre coaches, atletas y científicos — el propio panel lo señala como el problema que motiva su publicación. El acuerdo existe ahora, en una revista especializada que el corredor popular medio no lee, mientras el ecosistema running sigue operando con porcentajes de FCmáx que ese mismo consenso no valida.

La Zona 2 lleva años siendo el consejo de entrenamiento más repetido del ecosistema running. Tiene una base científica real. Lo que se ha hecho con esa base al traducirla al corredor popular no siempre la honra.

Lo que Seiler observó, y con quién lo observó

La idea de que los atletas de élite entrenan la mayor parte del tiempo a baja intensidad no la inventó nadie en un podcast. El fisiólogo Stephen Seiler la documentó a principios de la década de 2000 en Noruega, estudiando esquiadores de fondo, remeros y ciclistas de competición. Su artículo más citado, publicado en el Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports en 2006, analizó la distribución de intensidad en esquiadores de fondo de élite junior. Los datos mostraban que estos atletas completaban aproximadamente el 75-80% de su volumen por debajo del primer umbral de lactato, con un 15-20% en intensidades altas y tiempo mínimo en la zona intermedia.

Era una observación, no un ensayo de intervención. Seiler no estaba prescribiendo nada: estaba describiendo lo que hacían los mejores atletas de un deporte específico, con volúmenes de entre 800 y 1200 horas anuales. El cruce entre esa observación y “deberías hacer el 80% de tus kilómetros suave” es un salto que el paper de 2006 no da, aunque la divulgación popular lo haya normalizado.

Lo que San Millán publicó, y lo que circula como si lo hubiera publicado

El trabajo peer-reviewed más citado de Iñigo San Millán sobre flexibilidad metabólica se publicó en Sports Medicine en 2018, coescrito con George Brooks de la Universidad de California. El estudio comparó la oxidación de grasas y los niveles de lactato durante el ejercicio en tres grupos: 22 atletas profesionales de resistencia, individuos moderadamente activos y pacientes con síndrome metabólico —un conjunto de condiciones como resistencia a la insulina y glucosa elevada que llevan asociada, entre otras consecuencias, una función mitocondrial comprometida—. Los resultados mostraron diferencias claras en la capacidad de oxidar grasas y en el comportamiento del lactato entre grupos, con la mayor masa mitocondrial de los atletas de élite como factor explicativo.

El estudio no es un ensayo de intervención en Zona 2. No demuestra que entrenar en Zona 2 produce esas adaptaciones en el corredor popular: demuestra que los atletas de élite presentan esas características. La causalidad, los mecanismos específicos de adaptación y la prescripción práctica para quien no es profesional son inferencias adicionales, razonables pero no directamente extraídas del paper.

Las recomendaciones de San Millán sobre dosificación de Zona 2 y metodología de entrenamiento que circulan en grupos de running provienen de podcasts —sus apariciones en el programa de Peter Attia en 2021, en The Proof y en TrainingPeaks— no de ensayos clínicos publicados sobre intervención en corredores populares. Eso no las hace incorrectas. Las hace declaraciones de un experto con extensa experiencia clínica, no datos verificados en el sentido en que lo es un ensayo controlado.

El problema que precede a todo: ¿qué es exactamente la Zona 2?

Meixner, Filipas, Holmberg y Sperlich publicaron en 2025 un estudio con 50 ciclistas en laboratorio que midió la variabilidad entre los marcadores usados habitualmente para definir la Zona 2. El coeficiente de variación entre marcadores osciló entre el 6% y el 29%. El Umbral Ventilatorio 1 (VT1) y la oxidación máxima de grasas (FatMax) mostraron buena alineación entre sí. Los porcentajes fijos de frecuencia cardíaca máxima —la herramienta que usa casi cualquier corredor popular que dice estar haciendo Zona 2— no.

El 70% de FCmáx no corresponde a la misma zona metabólica para todo el mundo. Dependiendo de dónde se sitúe individualmente el LT1, ese porcentaje puede caer en plena Zona 2, en Zona 1, o en el inicio de Zona 3. Un corredor convencido de estar en Zona 2 puede llevar semanas entrenando en una zona diferente sin saberlo — no porque la instrucción sea incorrecta en abstracto, sino porque nunca se calibró para su fisiología concreta.

El problema se amplifica cuando se considera cómo la mayoría de corredores obtiene sus zonas: calculan su FCmáx —mediante la fórmula 220 menos la edad, la estimación automática del reloj, o un test de esfuerzo— y aplican porcentajes fijos sobre ese valor para derivar todas sus zonas. El test de 20 minutos es la opción más rigurosa de ese conjunto porque exige al menos un esfuerzo real. Pero incluso con él, el problema de fondo es el mismo.

El test de los 20 minutos y lo que mide realmente

El test de 20 minutos —ir al máximo sostenible durante ese tiempo y tomar el 95% de la frecuencia cardíaca media como referencia— es un protocolo extendido y útil. Lo que estima, sin embargo, es una frecuencia cardíaca umbral funcional (LTHR) asociada a LT2, el umbral anaeróbico — no una medición directa del umbral fisiológico en sí. Es la intensidad máxima que puede mantenerse durante un tiempo prolongado antes de que el lactato se dispare de forma exponencial.

Las zonas bajas —Z1 y Z2— se definen respecto a LT1, el umbral aeróbico: el punto donde el lactato comienza a elevarse ligeramente por encima del reposo, señalando la transición de metabolismo predominantemente graso a metabolismo mixto. La distancia entre LT1 y LT2 varía considerablemente según el nivel de entrenamiento: es mayor en personas menos entrenadas y se reduce conforme mejora la condición aeróbica. En corredores bien entrenados, ambos umbrales pueden estar separados por apenas 10-15 ppm.

El resultado práctico: usar el test de 20 minutos para calcular las zonas bajas implica extrapolar hacia abajo desde un umbral alto aplicando porcentajes fijos que asumen una relación entre LT1 y LT2 que no es universal. Las zonas superiores, ancladas directamente al resultado del test, tienen precisión razonable. Las inferiores heredan toda la variabilidad individual que el estudio de Meixner et al. documenta.

Curva de lactato en sangre frente a intensidad de esfuerzo, con LT1 y LT2 marcados y las cinco zonas de entrenamiento superpuestas
LT1 y LT2 son dos umbrales distintos. Tu Z2 termina en LT1 — no en un porcentaje fijo de FCmáx, y no en LT2 Foto: elaboración propia · Punto de Mira

Los estudios de Seiler son con élites. El trabajo de San Millán, también. La pregunta relevante para quien entrena entre cuatro y ocho horas a la semana tiene respuesta en la literatura, aunque con matices que la divulgación popular suele omitir.

Muñoz, Seiler y colaboradores publicaron en 2014 en el International Journal of Sports Physiology and Performance un ensayo con 30 corredores recreativos. Diez semanas, distribución polarizada frente a intensidad media sostenida. El grupo polarizado mejoró más en el 10K. Los autores declaran la limitación principal: muestra pequeña y duración corta.

Festa y colaboradores (2020) compararon dos distribuciones en 38 corredores recreativos durante ocho semanas. Los resultados fueron más matizados: el modelo polarizado no fue uniformemente superior al de umbral en todos los parámetros medidos.

El metaanálisis de Oliveira, Boppre y Fonseca (Sports Medicine, 2024), con 17 estudios y 437 participantes, muestra resultados positivos para el modelo polarizado pero con una certeza de evidencia según GRADE que no es alta: muestras heterogéneas, protocolos variables, mezcla de niveles de rendimiento.

El consejo popular omite también una diferencia de volumen que cambia el cálculo completo. El 80% en baja intensidad de un atleta que acumula quince horas semanales son doce horas de trabajo aeróbico. Para el corredor que entrena seis horas, ese mismo 80% son cuatro horas y cuarenta y ocho minutos. El estímulo total no es equivalente, y las adaptaciones documentadas en poblaciones de élite no son automáticamente transferibles por el hecho de respetar la misma proporción.

Lo que la ciencia tiene claro — y lo que la aplicación práctica habitual falla — es exactamente lo que las vías siguientes resuelven, cada una con su margen de error declarado en lugar de una precisión que no tiene.

Cómo calibrar tu Z2 real

El problema de fondo es LT1 — es el único umbral que define dónde termina tu Z2 y empieza la zona intermedia que hay que minimizar. Todo lo demás en esta sección, incluido LT2, existe únicamente porque el test de LT1 lo necesita como referencia técnica, no porque resuelva la pregunta del titular.

Antes de nada: la referencia de parada que necesitas

El test DFA Alpha-1 (siguiente apartado) requiere un ramp test hasta una intensidad alta, y para no pasarte de frenada necesitas saber dónde parar. Ahí es donde entra LT2 — con tres vías disponibles y desigual respaldo: un test manual de 20 minutos (protocolo de Joe Friel, ampliamente usado, sin validación publicada específica frente a laboratorio), el algoritmo nativo de relojes recientes (Huawei GT Runner, Garmin con detección automática, Coros Pace 3 — comparado por Lu et al. (2025) contra laboratorio en 100 corredores, con error medio de 8,9 a 11,4 ppm, pero con correlación débil entre reloj e individuo (r=0,13-0,67) y sin que ninguno de los tres relojes pase la prueba de equivalencia estadística (TOST) frente al laboratorio; la tasa de éxito en una sola sesión varía además del 78% al 47% según marca) o el test de lactato en clínica. Cualquiera de las tres te da también, de propina, tus Z3, Z4 y Z5 con anclaje razonable — pero eso no es lo que resuelve tu Z2; es el efecto colateral de necesitar un punto de parada para el test que sí la resuelve. Aquí basta con el LTHR estimado por cualquiera de ellas como referencia aproximada de parada, y el valor de FCmáx registrado en esa misma sesión. Tu Z3-Z5, de hecho, ya tiene solución fiable: un estudio de 2025 que casi nadie ha visto explica por qué tu reloj ya calcula tu LT2 gratis.

Importante: LT2 y el test DFA no se hacen el mismo día. Después de un esfuerzo máximo sostenido de 20 minutos o más, el organismo no está en condiciones de producir una señal de alpha-1 fiable — la fatiga acumulada contamina el resultado. Deja al menos uno o dos días de recuperación entre uno y otro.

Con la referencia de LT2 (tu LTHR) anota también una estimación provisional de Z1: Z2 entre el 74-83% de LTHR, Z1 por debajo del 74%. Son imprecisas — es exactamente el problema que documenta este artículo — pero sirven como punto de partida para el test DFA. Anótalas.

El test que sí resuelve tu Z2: DFA Alpha-1

Corredor en silueta sobre la playa durante la puesta de sol, zancada relajada, sin señal de esfuerzo
Entrenar suave la mayor parte del tiempo tiene una base científica sólida. Saber exactamente dónde empieza 'suave' es más complicado de lo que el ecosistema popular reconoce Foto: David Nicolai / Unsplash

Para LT2 hay tres caminos con distinto respaldo. Para LT1 sin pinchazos —lo único que importa para tu Z2 si quieres evitar la clínica— el DFA Alpha-1 es hoy la opción con mayor respaldo publicado. No hay un test 100% casero equivalente al de 20 minutos — esto exige sensor específico, protocolo y análisis posterior. Por eso conviene llamarlo lo que es: un método medio casero, no gratuito ni instantáneo, pero tampoco de laboratorio.

El DFA Alpha-1 mide un parámetro de la variabilidad de frecuencia cardíaca durante ejercicio progresivo. Desarrollado matemáticamente por Peng et al. en 1995 y validado para detección de umbrales en ejercicio por el investigador Bruce Rogers, MD, de la Universidad de Central Florida, el método se basa en el siguiente principio: a baja intensidad, la señal cardíaca tiene un comportamiento fractal — el coeficiente alpha-1 ronda valores cercanos a 1,0. Conforme sube la intensidad y el sistema nervioso autónomo vira hacia la rama simpática, ese valor cae. Cuando cruza 0,75 estás en LT1 — el techo fisiológico real de tu Zona 2. Cuando cae a 0,50, estás en LT2.

Es, con diferencia, la opción no invasiva —sin pinchazos, solo con un sensor de pulso— más seria que existe hoy para aproximar LT1. Es también la que exige leer la letra pequeña con más atención.

En corredores bien entrenados, LT1 y LT2 pueden estar separados por apenas 10-15 ppm — es la ventana que hay que acertar. VT1 y LT1 miden fenómenos relacionados pero no idénticos: uno con gases respiratorios en cinta, otro con lactato en sangre. Sitko et al. (2025) advierten explícitamente que estos marcadores muestran límites de acuerdo amplios y no deben tratarse como intercambiables — una cautela respaldada por datos como los de Pallarés et al. (2016), que en ciclistas bien entrenados encontraron una correlación moderada entre ambos (r=0,72-0,80 según el umbral) con sesgos de hasta 13,6 W: suficiente para considerarlos una alternativa razonable en la práctica, pero no equivalentes punto por punto. Los estudios que siguen usan uno u otro según el protocolo de su laboratorio. La revisión de Sheoran et al. (2024) sitúa el ancho de los límites de acuerdo (LoA) publicados entre DFA Alpha-1 y los umbrales ventilatorios o de lactato entre 20 y 52 ppm para VT1 y entre 42 y 54 ppm para LT1, según los estudios que revisa. En triatletas de élite, Rogers et al. (2022) encontraron una concordancia media buena pero con límites de acuerdo de 13,3 a -16,7 ppm en frecuencia cardíaca; en ciclistas de élite, Mateo-March et al. (2023) encontraron correlaciones altas para LT1 pero diferencias significativas para LT2. El propio Sheoran et al. (2024) —el estudio más reciente y con mayor muestra (n=37)— añade dos matices más: la correlación con los umbrales reales es solo moderada (r=0,40-0,57), y hay un sesgo sistemático por sexo en el primer umbral (unas 2,4 ppm más alto en hombres, 1,3 ppm más bajo en mujeres) que ningún protocolo casero corrige.

El instrumento tiene, en el mejor de los casos publicados, una incertidumbre del mismo orden que la ventana fisiológica que se supone que debe acertar — y en el peor, la duplica o la supera ampliamente. El DFA Alpha-1 no “falla poco” ni “falla mucho” en abstracto: su margen de error puede ser mayor que la zona entera que un corredor entrenado necesita ubicar dentro de él.

Por qué el sensor importa: PPG vs ECG

No todos los monitores cardíacos sirven para este método. La diferencia no es de calidad — es de tecnología.

Los relojes de muñeca y la mayoría de brazaletes usan PPG (fotopletismografía): miden el volumen de sangre que fluye por el tejido mediante luz. Para eliminar el ruido del movimiento durante el ejercicio aplican algoritmos de suavizado. Ese suavizado destruye exactamente la variabilidad latido a latido que el DFA Alpha-1 necesita.

Las cintas pectorales de calidad usan tecnología ECG: capturan la señal eléctrica del corazón directamente, sin suavizado, con precisión milimétrica en el intervalo entre cada latido. Esa precisión es lo que el algoritmo requiere. El Polar H10 lleva más del 99% de concordancia con ECG de laboratorio en estudios de validación a baja e intensidad moderada. No todas las bandas ECG están igual de probadas para este uso concreto — el detalle por modelo está en el apartado de hardware.

Hardware: qué funciona y qué no

Validado en estudios publicados:

  • Polar H10 (~85€): gold standard para uso en campo. Compatible con todas las apps. El sensor que aparece en los papers.
  • Polar H9 (~55€): prácticamente idéntico al H10, compatible con Heart Rate Variability Logger. Con FatMaxxer puede funcionar pero no está garantizado.
  • Garmin HRM-Pro / HRM-Pro Plus (~90-100€): solo compatible con la app alphaHRV en reloj Garmin. No funciona con FatMaxxer ni Heart Rate Variability Logger.

Los precios son orientativos. Disponibles en la web oficial de Polar, en la de Garmin y en distribuidores autorizados. Punto de Mira no tiene relación comercial con ninguna de las marcas mencionadas.

No compatible:

  • Cualquier sensor óptico de muñeca (Garmin, Coros, Apple Watch): el suavizado PPG es incompatible con el algoritmo.

Zona gris — sin validación publicada para DFA Alpha-1 en ejercicio:

  • Garmin HRM-Dual (~50-60€): banda ECG, no óptica — a priori debería servir. Sin embargo, no hay validación publicada específica para DFA Alpha-1, y usuarios de la comunidad (foro de Intervals.icu, entre otros) reportan experiencias mixtas por conexión Bluetooth. No es “no compatible” de forma definitiva como se ha afirmado en otros sitios, pero tampoco es una recomendación sólida — es zona gris real, no un desconocimiento nuestro.
  • CooSpo HW9 (~60€): brazalete óptico de antebrazo. Marco Altini — el desarrollador de Heart Rate Variability Logger — lo probó y consideró aceptable para HRV en reposo. No está validado para DFA Alpha-1 durante el ejercicio, donde el movimiento del brazo introduce artefactos adicionales. Una opción a explorar con esta caveat explícita.
  • Polar Verity Sense (~80-90€): el brazalete óptico más preciso del mercado. Algunos investigadores lo usan para DFA Alpha-1 con resultados aceptables, pero sin validación publicada específica. FatMaxxer lo bloquea explícitamente.

Apps: qué usar y cuánto cuesta

Para grabar los intervalos R-R:

  • Heart Rate Variability Logger de Marco Altini (iOS y Android, 9,99€): la opción más completa. Compatible con Polar H10/H9.
  • FatMaxxer (Android, gratuita): Polar H10 como sensor garantizado. El H9 puede funcionar pero no está garantizado por el desarrollador.
  • alphaHRV en Garmin Connect IQ (gratuita): análisis en tiempo real en el propio reloj, solo con HRM-Pro o HRM-Pro Plus.
  • Registro de VFC nativo de Garmin (gratuito, sin app): en Fenix 5/6/7, Forerunner 935/945 y posteriores, Epix (gen 2) y modelos más recientes, activa Sistema → Registro de datos → Registro de VFC. Con cualquier banda ECG compatible puesta durante la actividad, el reloj graba los intervalos R-R directamente en el fichero FIT — sin Connect IQ, sin limitarse a HRM-Pro/Plus. Confirmado en la documentación de ayuda oficial de Garmin y Runalyze. Es la vía más simple si ya tienes uno de estos relojes: activar el ajuste, llevar la banda, sincronizar y analizar en Runalyze.

Para el análisis posterior:

  • Runalyze (gratuito): permite ver el gráfico de DFA Alpha-1 por actividad sin pagar la app de Altini ni depender de alphaHRV en el reloj — pero sigue exigiendo haber grabado los intervalos R-R con una banda ECG, por cualquiera de las vías de arriba. No elimina el requisito de hardware, solo evita el coste de la app de análisis.

Cómo hacer el test: el protocolo requiere una superficie completamente llana — cinta de gimnasio o pista de atletismo —, un sensor ECG compatible (Polar H10 o H9) y la app Heart Rate Variability Logger o equivalente. Si usas el Registro de VFC nativo de Garmin en lugar de una app dedicada, hay un segundo ajuste imprescindible además de activarlo: Sistema → Registro de datos → Cada segundo. El modo Inteligente que trae por defecto genera huecos de varios minutos en la frecuencia cardíaca al descartar puntos para ahorrar espacio — Garmin sostiene que esto “solo afecta a qué se escribe en el fichero”, pero la experiencia documentada de plataformas de entrenamiento como TrainAsONE contradice esa afirmación. Un hueco de pocos segundos en los intervalos R-R basta para invalidar el análisis DFA sin que se note a simple vista. Consiste en un ramp test continuo de 25-40 minutos con escalones progresivos de 3 minutos, analizando el coeficiente alpha-1 en tiempo real o posteriormente en Runalyze. La documentación técnica completa del protocolo está disponible en la web de Bruce Rogers: hrv.tools/hrv-logger-faq.html.

Cómo convertir el resultado en zonas — con la precisión real, no la aparente: con LT1 (DFA) y LT2 (test manual o reloj) obtenidos, FCmáx divide el bloque de alta intensidad. A modo puramente ilustrativo del cálculo — no como predicción de precisión para tu caso concreto —: si alpha-1 cae a 0,75 a 148 ppm (LT1) y la estimación de LT2 dio un LTHR de 163 ppm, con una FCmáx de 190 ppm, el mapa quedaría:

  • Z1: hasta ~138 ppm (unos 10 ppm bajo LT1)
  • Z2: 138–148 ppm (hasta LT1)
  • Z3: 149–163 ppm (de LT1 a LT2 — la zona media a minimizar)
  • Z4: 164–171 ppm (de LT2 hasta el 90% de FCmáx)
  • Z5: por encima de 171 ppm (por encima del 90% de FCmáx)

Las fronteras de Z3, Z4 y Z5 tienen un anclaje fisiológico razonablemente sólido, porque LT2 se mide cerca de donde se necesita. La frontera Z1/Z2 —el propio LT1— es la que hay que tomar con más pinzas: dado lo visto arriba, trátala como una aproximación a repetir y contrastar, no como un número cerrado.

Z1 es la parte más baja del espectro aeróbico — más suave de lo que la mayoría de corredores populares considera “suave”. Su valor fisiológico está en las adaptaciones de capilarización con prácticamente ningún coste metabólico. Tiene sentido usarla deliberadamente en fases de base, días de recuperación activa o sesiones de acumulación de volumen donde el objetivo es el estímulo aeróbico sin interferir en la recuperación.

Una nota de honestidad editorial

El contenido de esta sección está construido a partir de la literatura científica publicada, la documentación técnica de Bruce Rogers y la experiencia documentada de la comunidad de usuarios. Redacción Punto de Mira no ha podido ejecutarlo: el test DFA Alpha-1 requiere un sensor ECG específico — Polar H10, H9 o equivalente — del que no disponemos en el momento de publicación.

Lo publicamos porque la información está verificada y el método tiene base científica real. Pero hay que leerlo con la perspectiva adecuada: es la mejor herramienta no invasiva disponible hoy para LT1 — y, con los datos que hay encima de la mesa (Rogers 2022, Mateo-March 2023, Sheoran 2024), no es una solución fiable para fijar zonas con precisión. Es medio casera —exige banda ECG y protocolo, no es gratis ni instantánea— y su incertidumbre documentada puede ser mayor que la ventana que intenta medir. Quien quiera certeza real en LT1 necesita laboratorio; quien quiera la mejor aproximación no invasiva disponible, tiene esto, con sus condiciones y sus límites bien declarados.

Si tienes el hardware y realizas el test, escríbenos — nos interesa especialmente saber si los valores de 0,75 y 0,50 coinciden con tu LT1 y LT2 medidos por otros métodos. Actualizaremos este artículo con lo que aprendamos.

Caveats que no deben omitirse: 0,75 no es un umbral universal — es una aproximación estadística con variabilidad individual, y la variabilidad documentada no es pequeña (ver más arriba). Repite el test al menos dos veces antes de confiar en el dato, en condiciones similares — misma hora del día, mismo estado de recuperación, mismo protocolo. Si Runalyze indica más de un 3% de artefactos en la señal, el resultado no es fiable. Moja el sensor con agua o saliva antes de colocarlo y espera 2-3 minutos con él puesto antes de empezar a grabar — un sensor seco en los primeros minutos produce artefactos precisamente cuando el alpha-1 de referencia se está estableciendo. Evita también condiciones de calor o frío extremo: la respuesta autonómica cardíaca varía con la temperatura ambiente y puede alterar el alpha-1 independientemente del esfuerzo. Y un matiz por sexo que documenta Sheoran et al. (2024): el sesgo del primer umbral no es igual en hombres que en mujeres — otra razón para no tratar el resultado como un valor absoluto sin contrastar.

Esquema ilustrativo del coeficiente DFA Alpha-1 cayendo de 1,0 a 0,75 y hacia 0,50 conforme aumenta la intensidad del esfuerzo
La caída a 0,75 marca LT1 — el techo real de Zona 2. La caída a 0,50 marca LT2. Esquema ilustrativo, no datos reales de una app Foto: elaboración propia · Punto de Mira

Para quien quiere eliminar toda la capa de aproximación: el test de lactato en clínica

Identifica LT1 y LT2 directamente con extracciones de sangre capilar en el dedo a intensidades crecientes. El precio en España varía sustancialmente según el centro: desde pruebas centradas solo en lactato hasta paquetes que incluyen análisis de gases y valoración médica completa, con el coste subiendo en consecuencia. Realizado al inicio y al final de temporada, ofrece datos de adaptación reales, no estimados. Para que los resultados sean comparables entre sí, repite siempre en el mismo centro y con el mismo protocolo.

Talk test: el proxy sin coste

Cuando hablar se vuelve incómodo o entrecortado pero todavía posible, estás cerca de LT1 — el techo de Zona 2. Cuando solo puedes pronunciar palabras sueltas sin poder completar frases, estás cerca de LT2. Impreciso y subjetivo, pero validado en múltiples estudios y poblaciones por el grupo de investigación de Carl Foster (Foster et al., 2008) como proxy razonable de LT1. Mejor que cualquier porcentaje genérico de FCmáx para quien empieza desde cero a aplicar criterio en sus zonas.

Lo que puede afirmarse con solidez

El entrenamiento aeróbico de baja intensidad produce adaptaciones bien documentadas: aumento de densidad capilar, mejora de la capacidad de oxidar grasas, descenso del lactato en sangre a una misma potencia de salida, biogénesis mitocondrial. Décadas de investigación fisiológica lo respaldan, no solo los podcasts de los últimos años.

La lógica del modelo polarizado —reducir el tiempo en la zona intermedia donde el coste metabólico es elevado pero el estímulo adaptativo es bajo— es coherente con la evidencia. El problema de la zona gris —conocido en la literatura como grey zone problem— está documentado. Correr casi siempre a intensidad media cómoda, ni suficientemente suave ni suficientemente exigente, es el patrón que explica el estancamiento de la mayoría de corredores populares con años de experiencia.

Lo que la evidencia no permite afirmar con la misma solidez: que el corredor popular que hace el 80% de sus kilómetros al 70% de FCmáx está aplicando el modelo de Seiler con precisión metabólica. Ni que las adaptaciones documentadas en atletas de élite son directamente transferibles a quien entrena seis horas semanales en las mismas proporciones.

El problema nunca fue la Zona 2. Fue que la mayoría de corredores populares nunca ha encontrado la suya de verdad. El 70% de FCmáx no es Zona 2 para todo el mundo — para algunos es Zona 1, para otros ya es el inicio de Zona 3, y esa diferencia importa más de lo que el consejo genérico reconoce.

Aquí está la respuesta a la pregunta del titular, sin rodeos: tu Z2 termina donde termina tu LT1, y hoy no existe una forma casera fiable de fijar ese punto. El DFA Alpha-1 es la mejor aproximación no invasiva disponible, y su incertidumbre documentada puede superar la ventana fisiológica completa que un corredor entrenado necesita acertar. El laboratorio sigue siendo el único método que elimina esa incertidumbre por completo.

El resto del mapa —Z3, Z4 y Z5— sí tiene solución accesible y razonablemente fiable hoy, con varias vías que no requieren laboratorio. No es el problema que titula este artículo, pero merece su propio desarrollo: lo tienes en nuestro reportaje sobre LT2, con Z3-Z5 explicadas paso a paso.

El corredor popular que entrena cinco horas a la semana tiene buenas razones para correr la mayor parte del tiempo a un ritmo en el que pueda mantener una conversación. Lo que todavía no tiene, con las herramientas caseras disponibles hoy, es la certeza de a qué pulsaciones exactas empieza y termina esa conversación. Tiene la mejor aproximación disponible — no la certeza que el ecosistema running suele dar por hecha.


Este artículo es un reportaje de análisis técnico. Todo el contenido está construido a partir de estudios con DOI o PMID verificados. Las declaraciones de San Millán sobre metodología de entrenamiento citadas en el texto provienen de entrevistas y podcasts, no de ensayos de intervención publicados — así se declara explícitamente en las fuentes. Para más información sobre nuestra metodología, ver Cómo hacemos los reportajes.

Fuentes

Fuentes primarias — datos verificados

  1. Seiler & Kjerland (2006) — Scand J Med Sci Sports Paper fundacional sobre distribución de intensidad en esquiadores de fondo de élite junior. Análisis observacional, no ensayo de intervención. Base del modelo polarizado 80/20. PMID: 16430681. DOI: 10.1111/j.1600-0838.2004.00418.x.
  2. San-Millán & Brooks (2018) — Sports Medicine Evaluación de flexibilidad metabólica en 22 atletas profesionales, individuos moderadamente activos y pacientes con síndrome metabólico. Mide oxidación de grasas y lactato durante el ejercicio. No es un ensayo de intervención de entrenamiento en Zona 2 para corredores populares. PMID: 28623613. DOI: 10.1007/s40279-017-0751-x.
  3. Stöggl & Sperlich (2014) — Frontiers in Physiology Comparación entre modelos polarizado, umbral, HIIT y volumen alto en atletas bien entrenados. El modelo polarizado produce mayores mejoras en VO2max, tiempo hasta el agotamiento y economía de trabajo. DOI: 10.3389/fphys.2014.00033.
  4. Muñoz, Seiler et al. (2014) — IJSPP 30 corredores recreativos, 10 semanas. El grupo con distribución polarizada mejoró más en 10K que el grupo con entrenamiento de intensidad media. Limitación declarada por los autores: muestra pequeña. PMID: 23752040. DOI: 10.1123/ijspp.2012-0350.
  5. Festa et al. (2020) — Frontiers in Sports and Active Living 38 corredores recreativos, 8 semanas. El modelo polarizado no fue uniformemente superior al modelo de umbral en todos los parámetros. DOI: 10.3389/fspor.2019.00070.
  6. Oliveira, Boppre & Fonseca (2024) — Sports Medicine Metaanálisis PRISMA. 17 estudios, 437 participantes. Certeza de la evidencia según GRADE: no alta. DOI: 10.1007/s40279-024-02034-z.
  7. Meixner, Filipas, Holmberg & Sperlich (2025) — Translational Sports Medicine 50 ciclistas en laboratorio. Variabilidad entre marcadores de Zona 2: coeficiente de variación del 6% al 29%. VT1 y FatMax muestran buena alineación; porcentajes fijos de FCmáx no. DOI: 10.1155/tsm2/2008291.
  8. Sitko, Artetxe, Bonnevie-Svendsen et al. (2025) — IJSPP Panel de 14 expertos (científicos del deporte y entrenadores de ciclismo profesional) convocado para establecer consenso sobre la definición de Zona 2. Antes del estudio no existía definición unificada. Los expertos alcanzaron consenso: la Zona 2 debe realizarse a intensidades inmediatamente por debajo del primer umbral de lactato o ventilatorio (LT1/VT1). Publicado el 26 de febrero de 2025. IJSPP 20(11):1614-1617. DOI: 10.1123/ijspp.2024-0303.
  9. Pallarés, Morán-Navarro, Ortega, Fernández-Elías & Mora-Rodriguez (2016) — PLoS One Validez y fiabilidad de umbrales ventilatorios y de lactato en 14 ciclistas bien entrenados. Correlación moderada entre lactato y umbrales ventilatorios (r=0,72 para VT1, r=0,80 para VT2) con sesgos de hasta 13,6 W. Concluyen que el lactato es una alternativa válida y fiable a los umbrales ventilatorios, no una medida idéntica. DOI: 10.1371/journal.pone.0163389.
  10. Rogers, Berk & Gronwald (2022) — Sports (MDPI) Validación de DFA Alpha-1 frente a LT1 medido por lactato en 9 triatletas de élite (protocolo de ciclismo incremental). Límites de acuerdo (LoA) de 13,3 a -16,7 ppm y de 15,1 a -25,6 W. Buena concordancia media, pero con dispersión individual amplia. DOI: 10.3390/sports10020025. PMID: 35202064.
  11. Mateo-March et al. (2023) — European Journal of Sport Science Validación de DFA Alpha-1 frente a LT1 y LT2 medidos por lactato en 38 ciclistas de élite. Correlaciones altas pero LT2 mostró diferencias significativas respecto al umbral de lactato real. DOI: 10.1080/17461391.2022.2047228. PMID: 35238695.
  12. Sheoran, Stavropoulos-Kalinoglou, Simpson, Ashby, Webber & Weaving (2024) — Journal of Sports Sciences Fiabilidad test-retest de DFA Alpha-1 (CV<6%), correlación moderada con umbrales ventilatorios/lactato (r=0,40-0,57) y sesgo significativo por sexo en el primer umbral (+2,41 ppm en hombres, -1,26 ppm en mujeres). Sitúa los límites de acuerdo publicados en la literatura entre 20 y 52 ppm de ancho para VT1 y entre 42 y 54 ppm para LT1, según los estudios que revisa. Concluye que no está claro si estos umbrales representan de forma fiable los umbrales fisiológicos reales. DOI: 10.1080/02640414.2024.2421691. PMID: 39488502.
  13. Lu, Cui, Zhu, Wu, Xing, Pan & Shen (2025) — Frontiers in Physiology Comparación de los algoritmos nativos de detección de umbral de tres relojes inteligentes (Huawei GT Runner, Garmin Forerunner 265, Coros Pace 3) frente al método Dmax modificado de laboratorio, en 100 corredores recreativos. Error medio absoluto (MAE) de 8,93 a 11,44 ppm según marca, sin diferencias significativas frente al laboratorio (p>0,05) — pero la correlación individuo a individuo es débil (r=0,13-0,67) y la prueba de equivalencia estadística (TOST) confirma que ninguno de los tres relojes es estadísticamente equivalente al laboratorio. Tasa de éxito del test en una sola sesión: 78% Huawei, 65% Garmin, 47% Coros. DOI: 10.3389/fphys.2025.1621996. PMID: 40740423.
  14. Foster et al. (2008) — J Cardiopulm Rehabil Prev Validación del talk test como marcador de intensidad de ejercicio en múltiples poblaciones (sanos, pacientes cardíacos, atletas). Referencia principal del grupo de investigación de Carl Foster sobre el talk test como proxy de VT1. DOI: 10.1097/01.HCR.0000311504.41775.78.
  15. Van Hooren, Mennen, Gronwald, Bongers & Rogers (2023) — Journal of Sports Sciences Validación de DFA-alpha1 para detección de VT1 en corredores recreativos usando cinta pectoral de consumo. n=14 corredores. Conclusión: DFA-a1 de 0,75 se correlaciona estrechamente con VT1 en estado no fatigado. La precisión del método se deteriora con la fatiga acumulada. Publicado online el 2 de noviembre de 2023; en print: J Sports Sci. 2025 Jan;43(2):125-134. PMID: 37916488. DOI: 10.1080/02640414.2023.2277034.
  16. Rogers, B. (MD) — FAQ y protocolo DFA Alpha-1 Documentación pública del protocolo de test incremental para detección de LT1 y LT2 mediante DFA Alpha-1. Incluye recomendaciones de hardware, software, tamaño de escalón y gestión de artefactos. Investigador principal del método, Universidad de Central Florida.
  17. Schaffarczyk, Rogers, Reer & Gronwald (2022) — European Journal of Applied Physiology Validación de DFA-alpha1 para umbrales aeróbico y anaeróbico en mujeres. ICC 0,77-0,87 para LT1/VT1. DOI: 10.1007/s00421-022-05050-x.

Datos declarados — sin verificación como ensayo de intervención publicado

  1. Declaraciones de San Millán en podcasts (Peter Attia, The Proof, TrainingPeaks) Recomendaciones de dosis, definición práctica de Zona 2 y metodología de entrenamiento. Provienen de entrevistas, no de publicaciones científicas sobre intervención en corredores populares.
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