El gel plateado del Tourmalet
En el descenso del Tourmalet, en la sexta etapa del Tour de Francia 2026, una cámara de televisión enfocó a Tadej Pogačar sacándose un gel del bolsillo trasero. El envoltorio, plateado y sin marca visible, se parecía al de ExoLactate, un producto español presentado a finales de mayo como el primer gel de lactato exógeno para competición. La especulación se disparó en horas: ¿el campeón del mundo corriendo con lactato en el estómago?
Enervit, patrocinador nutricional de UAE Team Emirates-XRG, aclaró que era un prototipo propio. Días después, el equipo confirmó algo más concreto: desde 2024 probaba una bebida con lactato desarrollada por Enervit junto al profesor George A. Brooks y el doctor Iñigo San Millán. El C2:1PRO Lactate Gel Mix es un polvo que se disuelve en agua. Cada toma aporta 90 gramos de carbohidrato y 10 de lactato sódico, unos 8 gramos de lactato propiamente dicho.
Desde entonces, ExoLactate se vende en la tienda de su fabricante y el producto de Enervit tiene la comercialización anunciada para después de la Vuelta. Ninguno de los dos ha publicado un ensayo que demuestre que el lactato que se traga mejora el rendimiento.
El lactate shuttle de George Brooks
Durante décadas, el lactato fue el villano de cualquier vestuario: la sustancia que se acumulaba en el músculo y explicaba el escozor de la última cuesta. George A. Brooks, de la Universidad de California en Berkeley, sostuvo lo contrario. Su teoría del lactate shuttle, formulada entre 1984 y 1985 y publicada en su versión más citada en 1986, describe un lactato que viaja desde el músculo que lo produce hacia otros tejidos, como el corazón, el cerebro o las fibras lentas, donde se usa como combustible.
Esa parte de la historia está resuelta: el cuerpo recicla lactato de forma constante, también el del corredor popular que sube fuerte una cuesta sin ningún gel de por medio. La pregunta abierta es si tragarlo desde fuera aporta algo que el metabolismo no esté haciendo ya.
El caso extremo de ese reciclaje es el de Kilian Jornet en la UTMB de 2022. El fisiólogo Jesús Álvarez-Herms tomó sus datos durante la carrera y los publicó con Jornet como coautor en una carta de investigación en Sports Medicine, en 2024: picos de 19 milimoles de lactato en sangre en las horas finales, más del doble del umbral habitual de un fondista. En una entrevista posterior, Álvarez-Herms situó esa medición en el kilómetro 150.
Es lactato endógeno, el que fabrica el propio músculo. El caso muestra lo que el cuerpo es capaz de reciclar y no dice nada sobre lo que ocurre al tragarlo en un gel.
George A. Brooks tampoco se quedó en la teoría. En 1989 colaboró con una empresa de nutrición deportiva en el lanzamiento de Cytomax, una bebida con un polímero de lactato de su invención, el Polylactate. El lactato en la bebida deportiva llegó al mercado hace más de tres décadas, y en ese tiempo no se convirtió en estándar de la nutrición deportiva.
Treinta y tres años de ensayos que probaron otra cosa
El lactato como combustible, 1991-1998
El primer ensayo controlado con lactato oral lleva la firma del propio George A. Brooks. En 1991, Fahey y su equipo compararon tres bebidas (polilactato, un polímero de glucosa y agua) en cinco ciclistas durante tres horas de pedaleo suave. El polilactato se comportó como la glucosa, pero el estudio no medía rendimiento.
En 1994, Swensen y su equipo sí lo midieron, con cinco participantes hasta el agotamiento: añadir polilactato a una bebida de carbohidrato no cambió nada. Y anotaron que, por encima de una concentración del 2,5% de polilactato en la solución, el producto comercial provocaba una intolerancia digestiva grave. En 1998, Bryner y su equipo añadieron un 2% de lactato a la bebida de siete ciclistas entrenados antes de una prueba hasta el agotamiento. Tampoco hubo diferencias.
Los tres probaron el lactato como combustible y chocaron con el mismo límite, la cantidad que tolera el estómago. Con cinco o siete participantes y dosis tan bajas, su resultado nulo descarta poco. Lo que sí dejan claro es que el problema de la dosis no lo ha inventado el marketing de 2026.
El lactato como tampón, 2004-2024
Desde 2004, la mayoría de ensayos probó otra cosa: el lactato como tampón, una sustancia que neutraliza el ácido que genera el esfuerzo intenso en el músculo, igual que hace el bicarbonato sódico, el tampón de referencia ya demostrado. Van Montfoort y su equipo compararon en quince corredores de fondo bicarbonato, citrato, lactato y placebo antes de un sprint de unos 80 segundos. El bicarbonato superó al citrato y al placebo; frente al lactato, la diferencia no salió del margen de error. Según los autores, el lactato ingerido parecía convertirse en bicarbonato antes de correr: funcionaba como un tampón indirecto.
Peveler y Palmer, en 2012, no encontraron mejora en una contrarreloj de 20 kilómetros con nueve ciclistas de nivel recreativo a competitivo. Northgraves y su equipo, en 2014, tampoco en una de 40 con siete hombres recreacionalmente activos. Oliveira y su equipo, en 2017, usaron el bicarbonato como control positivo en series de 30 segundos con los brazos, un test de Wingate de tren superior habitual en estudios de tampones porque el brazo acumula ácido más rápido que la pierna y lo elimina más despacio, lo que facilita detectar si un tampón funciona: el bicarbonato mejoró el trabajo total un 2,9% y el lactato de calcio, nada. Para quien corre durante horas, valen solo como contraste: donde el tampón conocido funcionó, el lactato no lo hizo.
El resultado que más se cita a favor es el de Morris y su equipo en 2011: con 120 miligramos de lactato por kilo de peso corporal, once ciclistas entrenados aguantaron un 17% más hasta el agotamiento. El tipo de prueba infla la cifra: Amann, Hopkins y Marcora mostraron en 2008 que el tiempo hasta el agotamiento detecta cambios igual que una contrarreloj, pero los expresa con variaciones mucho mayores. En el ensayo de Van Montfoort, un 2,6% de diferencia en esa prueba equivalía a solo un 1% en contrarreloj. La cifra probablemente diga bastante menos de lo que parece.
Y cuando alguien repitió la dosis, el efecto no apareció. En 2024, Bordoli y su equipo probaron esos mismos 120 mg/kg de lactato en un ensayo cruzado con dieciséis ciclistas entrenados, un protocolo que imitaba una carrera en ruta y una muestra calculada para detectar un efecto como el de Morris. Bajó el esfuerzo percibido y subió el bicarbonato, pero los vatios fueron los mismos y aparecieron molestias digestivas. Aquel 17% queda como un resultado aislado.
Los dos positivos financiados por el fabricante
Los otros dos resultados positivos comparten un rasgo. En 2007, Azevedo y su equipo compararon Cytomax con una bebida convencional en seis ciclistas de categoría amateur alta. El esfuerzo final hasta el agotamiento duró un 25% más con Cytomax, en un estudio financiado por su fabricante y sin grupo placebo; el tipo de diseño que pide cautela antes de leerlo como prueba de rendimiento.
En 2024, Ewell y su equipo dieron cápsulas comerciales de lactato de calcio y magnesio a quince personas de nivel recreativo, y su potencia en una contrarreloj de 20 minutos fue un 4% mayor que con placebo. El estudio lo financió el fabricante de las cápsulas. La dosis rondaba 1,4 gramos de lactato, unas 5 kilocalorías, y el propio laboratorio cifra en un 3% la variación habitual de esa prueba. El mismo producto, a dosis similares, no había mejorado nada en los ensayos de Peveler y Northgraves.
Como referencia, el 2,75% de ahorro metabólico medio de las zapatillas con placa de carbono sale de catorce estudios y 271 corredores; el 4% del lactato, de un piloto pagado por quien vende el producto. Hasta que un grupo independiente lo repita, ese 4% es una señal que vigilar, no una ganancia que comprar.
Hay además un patrón. En Peveler el esfuerzo percibido fue mayor con placebo y en Bordoli el lactato lo redujo, sin que los tiempos mejoraran en ninguno de los dos. El lactato quizá haga el esfuerzo algo más llevadero, pero ningún ensayo independiente ha mostrado que eso se traduzca en ir más rápido.
Los doce estudios de un vistazo
| Estudio | Año | n | Hipótesis | Resultado |
|---|---|---|---|---|
| Fahey | 1991 | 5 | Combustible | Sin medida de rendimiento |
| Swensen | 1994 | 5 | Combustible | Sin efecto |
| Bryner | 1998 | 7 | Combustible | Sin efecto |
| Van Montfoort | 2004 | 15 | Tampón | Incierto (similar al bicarbonato) |
| Azevedo | 2007 | 6 | Combustible | +25% tiempo hasta el agotamiento, frente a otra bebida* |
| Morris | 2011 | 11 | Tampón | +17% tiempo hasta el agotamiento |
| Peveler | 2012 | 9 | Tampón | Sin efecto |
| Northgraves | 2014 | 7 | Tampón | Sin efecto |
| Oliveira | 2017 | 18 | Tampón | Sin efecto |
| Bordoli | 2024 | 16 | Tampón | Sin efecto (repite la dosis de Morris) |
| Ewell | 2024 | 15 | Tampón | +4% potencia, contrarreloj* |
| McCarthy | 2024 | 5 | Absorción (en reposo) | No sube el lactato en sangre |
*Financiado por el fabricante del producto probado.
Leída entera, la serie apenas ha tocado lo que ahora se vende. Los ensayos de combustible se quedaron en dosis bajas porque el estómago no daba para más, los de tampón probaron tomas únicas antes de esfuerzos de minutos, y de los tres resultados positivos, dos los financió el fabricante y el tercero no se reprodujo al repetir la dosis. La literatura no refuta la idea de los nuevos geles. Todavía no la ha puesto a prueba, y menos en carrera a pie: el único ensayo con corredores fue un sprint de 80 segundos.
Las tres paredes de Viribay y la dosis de la patente de George A. Brooks
Aitor Viribay, fisiólogo, científico jefe del Ineos durante tres años y hoy responsable de rendimiento en Salomon, es cofundador de ExoLactate con el cocinero Dani Lasa y el bioquímico Juan Carlos Arboleya. Según explicó a Cyclist en julio de 2026, los ensayos anteriores fallaron por tres límites: dosis muy inferiores a los 10-25 gramos por hora que él considera necesarios, molestias digestivas con las sales de lactato a dosis altas y un sabor salado y metálico difícil de tolerar durante horas.
Las dos primeras paredes tienen respaldo independiente. Swensen documentó la intolerancia en 1994 y Bordoli vio acumularse las molestias a lo largo de su prueba. En 2024, McCarthy y su equipo probaron lactato sódico oral con distintas dosis y formulaciones: el lactato en sangre apenas subió y los efectos digestivos fueron de moderados a graves. El lactato sódico es precisamente la sal del C2:1PRO.
El ensayo con trazadores de Azevedo mostró que el lactato ingerido se oxida deprisa, pero con 100 miligramos por toma. Que el intestino absorba varios gramos por hora sin castigar al estómago es justo lo que falta por demostrar.
ExoLactate sostiene que lo ha resuelto con una fórmula en hidrogel con patente en trámite. Por ingredientes, su lactato llega como ácido láctico neutralizado y lactatos de calcio y magnesio, las mismas familias de sales de los ensayos anteriores: la novedad está en la formulación.
Su ficha de venta promete hasta un 3% más de potencia en esfuerzos de 15 a 30 minutos y un 10% menos de esfuerzo percibido, pero las referencias que muestra son revisiones generales y ninguna es un ensayo con el gel. La compañía dice tener datos piloto y un artículo en revisión, y Viribay admitió a Velo que la evidencia real es escasa y que sus hipótesis se apoyan en estudios de mecanismo: trabajos que explican por qué el lactato podría servir de combustible, sin medir si tragarlo mejora el rendimiento. Es la distancia exacta que recorre todo este reportaje, dicha por el propio interesado.
La lógica de fondo tampoco es solo suya. La patente estadounidense US12023382B2, firmada por George A. Brooks junto a Michael Horning e Iñigo San Millán y cedida a la empresa Today Inc., describe el lactato y el piruvato como fuentes de energía con vías de transporte distintas a las de la glucosa y la fructosa.
La patente propone además, como ejemplo, combinar entre 20 y 40 gramos de lactato con 60 a 80 de carbohidrato. El C2:1PRO, desarrollado por dos de esos tres inventores junto con Enervit, aporta unos 8 gramos por toma y está pensado para las fases finales de las pruebas largas.
Viribay acierta en el diagnóstico, y por eso mismo la carga de la prueba recae en quien dice haberlo resuelto. Ninguno de los dos productos ha publicado esa prueba, y el de Enervit aporta en cada toma menos de la mitad del mínimo que propone la patente de sus propios inventores.
UAE ya probó el Polylactate de George A. Brooks
El episodio lo contó el equipo de ExoLactate en su presentación y lo recogió el periodista Carlos Arribas en El País el 28 de mayo de 2026. UAE Team Emirates había probado el Polylactate de George A. Brooks mezclado con dosis de 120 gramos de carbohidrato, y lo abandonó porque era desagradable de beber y, sobre todo, porque no notaba efectos en el rendimiento. Viribay lo atribuye a que aquella fórmula solo permitía administrar dosis pequeñas.
La anécdota llega de un competidor y sin fecha pública, así que pesa poco como prueba. Lo que sí desmonta es que “lo usa un equipo World Tour” equivalga a “funciona”: el mismo equipo dejó una versión anterior por no notar nada, y su nutricionista, Gorka Prieto-Bellver, explicó durante el Tour que el nuevo producto todavía no forma parte de la alimentación habitual de los corredores. Que Pogačar lo beba en algunas etapas dice mucho de Pogačar y nada del lactato.
Olav Bu y Asker Jeukendrup, los escépticos con nombre
Olav Bu, director de rendimiento de Uno-X Mobility y artífice del método noruego de entrenamiento con el que Kristian Blummenfelt y Gustav Iden ganaron varios títulos de Ironman, analizó la idea antes de los Juegos de Tokio 2021 y la descartó por principios básicos, según contó a Cyclist en julio de 2026.
Su objeción es fisiológica. El lactato rinde menos energía por unidad de oxígeno que la glucosa, así que sustituir una por otra exige procesar algo más de combustible y oxígeno para la misma potencia. Añade que puede complicar la absorción intestinal y que su equipo no ha encontrado un techo duro para oxidar carbohidrato ingerido. Mientras ese techo no aparezca, el lactato es para él un combustible menos eficiente.
Bu identifica correctamente la única condición bajo la que el lactato tendría sentido: que exista un techo real de absorción de carbohidrato. Su equipo no lo ha visto en la práctica. La ciencia sí ha caracterizado esa vía con trazadores: los estudios clásicos de Jentjens y Jeukendrup sitúan el techo combinado de SGLT1 y GLUT5 en torno a 90 gramos por hora, 60 de glucosa y 30 de fructosa. El pelotón profesional, con entrenamiento intestinal específico, ya toma hasta 120 gramos por hora, pero es una minoría de élite, no un techo nuevo para todos: Podlogar, en el mismo estudio, encontró que la oxidación sube con 120g/h sin que el glucógeno propio se ahorre nada, así que la vía por la que más carbohidrato debería traducirse en más rendimiento sigue sin demostrarse.

Incluso en profesionales, el techo no está donde se suponía. Ningún ensayo con trazadores ha comprobado si añadir lactato por encima de ese punto aporta energía oxidable extra o solo más volumen en el estómago. Hasta que exista, la tercera vía describe una posibilidad, no un beneficio medido.
Asker Jeukendrup, cuyo trabajo sobre glucosa y fructosa está en el origen de las recomendaciones de 90 gramos por hora, publicó en junio un análisis de la evidencia sobre el lactato. Su lectura es que la idea se persigue desde los años noventa y se ha reempaquetado como novedad, y que el obstáculo principal es meter suficiente lactato en sangre sin problemas digestivos graves.
También señala que el resultado de Ewell no encaja con el mecanismo propuesto, porque el lactato en sangre no cambió. Y añade un dato práctico: la fructosa de los geles convencionales sí sube el lactato en sangre. Para el corredor popular, la consecuencia es directa: un gel convencional de glucosa y fructosa ya pone lactato en circulación, sin pagar por un suplemento aparte.
Ninguno de los dos aporta un ensayo nuevo, pero ambos coinciden con lo que muestran los datos disponibles: hoy no hay una razón medida para añadir lactato a una estrategia de carbohidrato bien resuelta.
El corredor popular no corre el Tour de Francia
George A. Brooks tiene razón desde hace cuarenta años: el lactato es un combustible legítimo. Lo que no tiene respaldo publicado es que tragarlo en las cantidades que proponen sus defensores mejore el rendimiento, y para el corredor popular la aritmética lo complica todavía más.
ExoLactate cuesta 30,95 euros la caja de seis, unos 5,16 euros por gel, y cada gel aporta 40 gramos de carbohidrato y 5 de lactato. La marca recomienda empezar con uno o dos geles por hora: entre 5 y 10 gramos de lactato, por debajo o en el borde de los 10-25 que su cofundador considera necesarios.
Llegar a ese rango exige de dos a cinco geles por hora, entre 80 y 200 gramos de carbohidrato y entre 10 y 26 euros por hora. La propia marca presenta más de tres geles por hora, con 160 gramos de carbohidrato, como práctica de élite en el Tour, el Ironman o el ultratrail.
El corredor medio del Maratón de Sevilla 2022 tomó 35 gramos de carbohidrato por hora, según el estudio de la Universidad de Alicante recogido en el origen de los 90 gramos de carbohidrato por hora. Para él, el gel de lactato plantea un dilema: tomarlo a su ritmo habitual y quedarse por debajo de la dosis que su creador considera eficaz, o multiplicar entre dos y seis veces su ingesta de carbohidrato.
Los 5 gramos de lactato de cada gel son unas 18 kilocalorías, alrededor del 10% de su energía; el resto es el carbohidrato de cualquier gel de 40 gramos. Un maratón de cuatro horas a dos geles por hora son ocho geles, unos 41 euros.
Y todo eso en carrera a pie. Entre un 30% y un 50% de los atletas de resistencia refiere molestias digestivas, y una de sus causas es mecánica: el traqueteo de correr, que el ciclista apenas sufre. Los ensayos con dosis altas de lactato en esfuerzos de más de unos minutos se hicieron sobre una bicicleta. La propia marca pide entrenar el intestino durante cuatro a seis sesiones antes de usarlo en carrera, y quien quiera probarlo debería hacerlo entrenando, nunca por primera vez el día de la prueba.
La palanca con respaldo sigue siendo el carbohidrato de siempre, tomado de forma sistemática: en Sevilla, el corredor medio se quedó muy por debajo de los 60-90 gramos por hora que la ciencia respalda con solidez. El lactato exógeno, tal como hoy se vende, solo tiene lógica para quien ya ha llegado al techo de 120 gramos por hora que solo alcanza la élite entrenada, y quiere experimentar sabiendo que experimenta. Para quien se queda en 35, cinco euros por gel no compran el dato que haría falta: compran una hipótesis con cuarenta años de fisiología detrás, doce estudios que probaron otra dosis u otra pregunta, y ningún ensayo publicado todavía con el producto y la cantidad que se vende hoy.