Entrenamiento · Investigación

90 gramos de carbohidratos por hora: el origen del número, el techo que se movió y el corredor que no llega ni a 60

En cualquier grupo de running, en cualquier gel de intermedio de maratón, aparece la misma cifra: 90 gramos de carbohidratos por hora. Casi nadie explica de dónde sale. Todavía menos gente sabe que ese techo lleva años moviéndose para una minoría de atletas de élite con el intestino entrenado — y que, mientras el debate se centra en si hay que llegar a 120, la mayoría de corredores populares ni siquiera se acerca a 60.

Corredora en plena zancada sobre una carretera, con vegetación seca y flores amarillas al borde
El gesto se repite cada tres o cuatro kilómetros en cualquier maratón popular. La cantidad exacta que hay dentro de ese sobre rara vez se cuestiona. Foto: Greg Rosenke / Unsplash

Noventa gramos de carbohidratos por hora. En cualquier grupo de running, en cualquier plan de nutrición de una app de entrenamiento, en la etiqueta de cualquier gel premium, aparece esa cifra como si fuera una ley física. Nadie la cuestiona. Casi nadie explica de dónde sale.

Y hay un dato que rara vez se menciona junto a ella: en el Maratón de Sevilla de 2022, un equipo de investigadores de la Universidad de Alicante midió lo que comían de verdad 160 corredores populares durante la carrera. La media real fue de 35 gramos por hora — menos de la mitad del suelo de la recomendación, no del techo. Mientras el debate en redes gira en torno a si hay que llegar a 120 gramos como hacen algunos profesionales, la mayoría de los corredores populares no se acerca ni de lejos a 90.

De dónde sale el límite de 90 gramos por hora

El origen tiene fecha y autores concretos. En 2004, Roy Jentjens y Asker Jeukendrup, del Human Performance Laboratory de la Universidad de Birmingham, pusieron a ocho ciclistas entrenados a pedalear 120 minutos al 50% de su potencia máxima en cuatro ocasiones distintas, dándoles agua o distintas soluciones de carbohidrato marcadas con isótopos para poder rastrear exactamente cuánto de lo que bebían acababa siendo oxidado como energía.

El hallazgo, ya conocido antes de ese estudio pero confirmado aquí con trazadores: la glucosa se absorbe en el intestino delgado a través de un transportador llamado SGLT1, y ese transportador se satura en torno a un gramo por minuto — unos 60 gramos por hora. Por mucha más glucosa que bebas, el cuerpo no oxida más de eso. El resto simplemente no se absorbe a tiempo: pasa al intestino grueso, donde las bacterias que viven ahí lo fermentan, y ese es exactamente el origen de buena parte de los problemas digestivos en carrera.

La fructosa, en cambio, usa una puerta de entrada distinta: un transportador llamado GLUT5, que no compite con el SGLT1 y añade una capacidad adicional de unos 30 gramos por hora. Cuando Jentjens y Jeukendrup dieron a los mismos ciclistas una mezcla de glucosa y fructosa, la oxidación máxima subió un 55% frente a la glucosa sola.

Conviene aclarar un punto de vocabulario: glucosa y fructosa son las dos, y cuando una guía o una etiqueta hablan de gramos de carbohidrato, se refieren a la suma de ambas. Un gel que anuncia 25 gramos de carbohidrato en ratio 2:1 lleva unos 17 gramos de glucosa —o de maltodextrina, que el cuerpo también convierte en glucosa— y 8 de fructosa; esa suma es la que cuenta como esos 25 gramos. De ahí sale también la aritmética del propio techo: 60 gramos por una puerta más 30 por la otra, 90 gramos de carbohidrato por hora.

Diagrama de los dos transportadores intestinales SGLT1 y GLUT5
Dos puertas intestinales distintas, cada una con su propio límite — por eso los geles mezclan glucosa y fructosa. Foto: Elaboración propia · Punto de Mira

Hay un matiz más sobre el mecanismo que conviene no pasar por alto: nada de esto es instantáneo. La oxidación del carbohidrato ingerido no salta a su ritmo máximo nada más tragarlo — sube progresivamente y no se estabiliza hasta pasados unos 60-90 minutos de ingesta continuada, según la revisión clásica de Jeukendrup y Jentjens que fijó buena parte de estas guías. El cuello de botella no está en el estómago, que vacía más rápido de lo que el intestino puede absorber; está en la absorción intestinal misma. Para un corredor popular esto tiene una consecuencia directa: empezar a tomar geles solo cuando ya se nota la pájara llega tarde — ese carbohidrato no estará realmente disponible hasta bastante después.

Esa cifra no llegó a las guías de nutrición deportiva por intuición de ningún fabricante. Pasó por el propio Jeukendrup, que en 2013 tradujo el hallazgo de laboratorio en una recomendación práctica, y de ahí a la posición oficial que en 2016 fijó la Academia de Nutrición y Dietética, Dietistas de Canadá y el Colegio Americano de Medicina del Deporte: 60 gramos por hora las primeras dos horas y media de ejercicio, hasta 90 en esfuerzos más largos. Ese documento es, todavía hoy, la referencia oficial que cita la mayoría de la literatura posterior.

120 gramos por hora: el techo que solo se ha movido para la élite

La cifra de 90 no se ha quedado quieta. Un equipo español liderado por Aitor Viribay y Aritz Urdampilleta llevó el experimento fuera del laboratorio: corredores de élite —veinte en un análisis, veintiséis en otro—, un maratón de montaña real, y tres grupos con distinta ingesta —60, 90 y 120 gramos por hora— con entrenamiento intestinal previo para tolerar la dosis más alta. El resultado, publicado en dos artículos del mismo equipo y el mismo diseño: con 120g/h, los marcadores de daño muscular (creatina quinasa, LDH, GOT) fueron significativamente más bajos 24 horas después de la carrera, y la función neuromuscular se recuperó mejor que con 90 o 60.

Es un resultado real y verificado. También conviene ser preciso sobre qué mide: recuperación y daño muscular, no el tiempo de carrera. Ningún corredor de esos estudios llegó antes a meta por tomar 120 en vez de 90. Y los participantes eran corredores de élite que habían entrenado el intestino específicamente para el protocolo — no una condición que se consigue improvisando en la salida de un maratón popular.

Vale la pena mirar además quién ha aparecido en cada uno de los estudios que han empujado el techo hacia 120: ciclistas entrenados probados en laboratorio (Jentjens, Podlogar) o corredores de élite de montaña con ese entrenamiento intestinal previo (Viribay, Urdampilleta). Ni un solo corredor popular en ninguno de ellos. Y el trabajo español que más se cita para justificar los 120g/h en carrera real son, en realidad, dos publicaciones del mismo equipo y el mismo diseño —tres grupos de corredores de élite a 60, 90 y 120g/h durante una maratón de montaña—, no dos confirmaciones independientes de equipos distintos: es un dato sólido, pero acotado a un único grupo de investigación y un único tipo de prueba.

Subir a 120 no vacía menos el depósito propio

Aquí está el matiz que la conversación sobre “el nuevo techo” suele saltarse. El argumento habitual para justificar más carbohidrato es que ahorra el glucógeno propio — el que tienes almacenado en músculo e hígado, y cuyo agotamiento produce la pájara. Si eso fuera cierto, subir de 90 a 120 gramos por hora debería traducirse en menos uso de reservas propias.

Tim Podlogar y su equipo, de la Universidad de Birmingham y la Universidad de Primorska, en Eslovenia, lo pusieron a prueba directamente en 2022: once ciclistas muy entrenados, tres horas de pedaleo, comparando 120g/h frente a 90g/h con trazadores que distinguen el carbohidrato que viene de la bebida del que viene de las reservas del propio cuerpo. El resultado, en palabras de los propios autores: la oxidación del carbohidrato ingerido sube con 120g/h, pero el uso de glucógeno propio no baja nada. Comes un 33% más y tu cuerpo no toca menos sus propias reservas por ello.

Eso no significa que 120g/h no sirva para nada. Significa que el mecanismo que se suele usar para justificarlo —el ahorro de glucógeno— no está respaldado por este dato concreto. Si hay beneficio de rendimiento en subir por encima de 90, tiene que explicarse por otra vía, y esa vía todavía no está establecida con solidez.

Ramos-Campo, Plews y Tarrit: tres revisiones sin beneficio claro por encima de 90g/h

Ramos-Campo y su equipo reunieron 136 estudios sobre ingesta de carbohidratos y rendimiento en resistencia, publicados en 2024 en Critical Reviews in Food Science and Nutrition, y aplicaron meta-regresión para aislar qué variables modulan realmente el efecto sobre el rendimiento. La duración del esfuerzo sí importa, con diferencias significativas entre categorías. Sobre el nivel de entrenamiento apuntan una tendencia hacia un mayor efecto en deportistas menos entrenados, aunque ellos mismos la califican de no significativa (p=0,09 — por encima del corte convencional de 0,05 que separa un resultado real de simple ruido estadístico).

La dosis de carbohidrato, en cambio, sí tiene un resultado limpio: ningún modelo de meta-regresión encontró que la cantidad ingerida modulara de forma significativa la mejora de rendimiento. Hay una salvedad, y conecta directamente con lo que ya vimos en Viribay y Urdampilleta: la mayoría de los estudios incluidos no sometió a los participantes a entrenamiento intestinal previo, así que ese resultado podría reflejar, en parte, que muchos de esos cuerpos simplemente no estaban adaptados para aprovechar dosis altas — el mismo requisito que aparecía antes.

En junio de 2026, Daniel Plews y su equipo publicaron en Sports Medicine una amplia revisión sobre esta práctica, a la que llaman directamente “ingesta ultra-alta de carbohidratos” para cualquier cifra por encima de 90g/h. Su conclusión central: el auge de estas prácticas entre atletas de élite se ha alimentado sobre todo de reportes anecdóticos y actuaciones destacadas, mientras que la literatura científica que las respalda sigue siendo limitada. Una revisión paraguas de Tarrit y su equipo, publicada poco después en el Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, que reúne quince revisiones sistemáticas y 262 ensayos aleatorizados sobre el tema, llega a la misma cautela sobre las dosis más altas.

Los autores de Plews son concretos en un punto que rara vez se lee en los artículos que celebran los 120g/h: el beneficio de rendimiento muestra retornos decrecientes por encima de 90 gramos por hora, y no hay un efecto dosis-respuesta claro a ritmos de ingesta superiores para la mayoría de las personas. Comer más no sigue produciendo más, pasado ese punto.

De 78 a 114 gramos por hora: la misma dosis, cuerpos distintos

Hay una razón física por la que algunos atletas sí parecen tolerar y aprovechar más de 90 gramos por hora sin que eso contradiga lo anterior: la capacidad de oxidación varía enormemente entre personas. Un estudio de Hearris y colaboradores, recogido en la propia revisión de Plews, dio a un grupo de ciclistas entrenados el mismo protocolo estandarizado de 120g/h y midió cuánto oxidaba cada uno realmente. El fenómeno depende de la absorción intestinal, no de si se corre o se pedalea, así que el hallazgo es trasladable a corredores. El rango fue de 1,3 a 1,9 gramos por minuto — entre 78 y 114 gramos por hora oxidados con exactamente la misma dosis ingerida.

Eso es una diferencia de casi el 50% entre individuos sometidos al mismo protocolo. El “90 gramos por hora” de cualquier guía es una media poblacional, no una prescripción personal. Que un compañero de tu club tolere 120 sin problema no dice nada sobre lo que tu intestino concreto puede procesar.

El estudio de Jiménez-Alfageme y su equipo, de la Universidad de Alicante, no probó ningún protocolo en laboratorio: encuestó a 160 corredores populares —edad media 42 años, tiempos de maratón entre 2h12 y 5h— sobre lo que realmente comieron durante el Maratón de Sevilla 2022. La ingesta media durante la carrera fue de 35±17 gramos por hora. Ni siquiera se acerca al suelo de 60 que marca la guía oficial, y mucho menos a los 90 o 120 de los que habla el debate de la élite.

El dato que sí tiene peso práctico viene con un matiz que conviene aclarar: el resumen del propio estudio dice que quienes llegaban a 60-90g/h tenían más probabilidades de bajar de tres horas, pero la tabla de resultados del mismo artículo cuenta algo distinto — el grupo que de verdad marcaba la diferencia era el que llegaba a entre 30 y 60g/h (69% de quienes bajaban de 180 minutos estaban en ese tramo; el grupo de 60-90g/h apenas tenía 14 personas, demasiado pocas para sacar conclusiones) (p=0,035). Es una inconsistencia entre el resumen y los datos del propio estudio; ante esa discrepancia, manda el dato bruto de la tabla, no el resumen que lo simplifica. Lo que sí queda claro con esa cifra corregida: no hizo falta acercarse al techo de la recomendación oficial para marcar la diferencia — cruzar apenas 30g/h, muy por debajo de cualquier debate sobre 90 o 120, ya se asoció con mejores tiempos.

Comparación del tramo de ingesta de carbohidrato entre corredores rápidos y lentos en el Maratón de Sevilla 2022
El tramo que de verdad marcó diferencia en corredores populares fue mucho más bajo que el '60-90' que anuncia el resumen del propio estudio. Foto: Elaboración propia · Punto de Mira

En una maratón de cuatro horas, la diferencia entre 35 y 60 gramos por hora —el suelo de la recomendación, no el techo— ya acumula cien gramos de carbohidrato que el cuerpo tiene que sacar de algún sitio — de las mismas reservas de glucógeno cuyo vaciado produce la pájara en el kilómetro 30. La pregunta relevante para la inmensa mayoría de quienes leen esto no es si hay que perseguir el techo de los profesionales. Es por qué tantos corredores populares ni siquiera llegan al suelo que la ciencia lleva una década recomendando.

Una nota práctica antes de cerrar: el formato de ingesta —bebida, gel o gominola masticable— importa menos de lo que parece. El propio estudio de Hearris los comparó a la misma dosis de 120g/h y encontró tasas de oxidación prácticamente idénticas entre los tres, y el metaanálisis de Ramos-Campo confirma que el tipo de ingesta no modula de forma significativa el efecto sobre el rendimiento. Pero “sólido” esconde una trampa: no es lo mismo una gominola de azúcar concentrado que una barrita real. Guillochon y Rowlands (2017) compararon directamente barrita, gel y bebida en ciclistas y encontraron que la barrita aumentaba varios síntomas digestivos y empeoraba el rendimiento frente al gel — probablemente porque las barritas llevan más grasa, proteína y energía total, y esos componentes vacían el estómago más despacio. El techo de 90g/h no cambia según el envase; lo que cambia con la comida real es cuánto tarda en llegar hasta ahí, y cuánto malestar puede causar por el camino.

60-90 gramos por hora: el rango que la ciencia sí respalda

El 60-90 gramos por hora no es un número arbitrario ni un techo desactualizado. Sale de un mecanismo fisiológico bien establecido —dos transportadores intestinales distintos, cada uno con su límite— y sigue siendo, con la evidencia disponible en 2026, el rango que la ciencia puede respaldar con solidez para la inmensa mayoría de corredores.

Subir a 120 gramos por hora funciona para una minoría de atletas de élite con una capacidad de oxidación por encima de la media y meses de entrenamiento intestinal específico, y el beneficio demostrado hasta ahora es de recuperación y daño muscular, no de tiempo de carrera. Para todos los demás, la evidencia de que haga falta ir más allá de 90 es débil, y el propio mecanismo que se usa para justificarlo —el ahorro de glucógeno— no se sostiene en el único estudio que lo ha medido directamente.

El problema real del corredor popular no está en ese debate. Está en que la mayoría ni siquiera llega a la mitad del rango que ya está bien establecido. Antes de preguntarte si necesitas 120 gramos por hora como los profesionales, vale la pena preguntarte si estás llegando a 60.

Fuentes

Fuentes primarias — datos verificados

  1. Ramos-Campo DJ, Clemente-Suárez VJ, Cupeiro R, Benítez-Muñoz JA, Andreu Caravaca L, Rubio-Arias JÁ (2024) The ergogenic effects of acute carbohydrate feeding on endurance performance: a systematic review, meta-analysis and meta-regression. Crit Rev Food Sci Nutr, 64(30), 11196-11205. Metaanálisis de 136 estudios con meta-regresión: ni la dosis ni el formato de ingesta (bebida/gel/sólido) resultaron moderadores significativos de la mejora de rendimiento, según el propio abstract. Detecta una tendencia hacia un mayor efecto en deportistas menos entrenados, pero los propios autores señalan que esa diferencia no alcanza significación estadística (p=0,09). Verificado accediendo al texto completo (PMID: 37449467).
  2. Tarrit B, Moretton C, Duclos M, Metz L, Chanseaume-Bussiere E, Ennequin G, Thivel D, Rannou F (2026) Interest of carbohydrate consumption during endurance exercise: a systematic review of systematic and meta-analyses of RCTs. J Sports Med Phys Fitness, 66(4), 502-512. Revisión paraguas: 15 revisiones sistemáticas (8 con metaanálisis), 262 ensayos aleatorizados, 521 pruebas individuales. Verificado en PubMed (PMID: 41885724).
  3. Jeukendrup AE, Jentjens R (2000) Oxidation of Carbohydrate Feedings During Prolonged Exercise: Current Thoughts, Guidelines and Directions for Future Research. Sports Med, 29(6), 407-424. Revisión clásica que documenta que la oxidación del carbohidrato ingerido no alcanza su ritmo máximo de forma inmediata, sino que sube progresivamente y se estabiliza pasados 60-90 minutos de ingesta continuada; también establece que el vaciado gástrico no es el factor limitante.
  4. Jentjens RLPG, Moseley L, Waring RH, Harding LK, Jeukendrup AE (2004) Oxidation of combined ingestion of glucose and fructose during exercise. J Appl Physiol, 96(4), 1277-1284. Estudio original con 8 ciclistas entrenados que establece el techo de oxidación de glucosa sola y la mejora del 55% al combinar con fructosa. Verificado en PubMed (PMID: 14657042).
  5. Thomas DT, Erdman KA, Burke LM (2016) Position of the Academy of Nutrition and Dietetics, Dietitians of Canada, and ACSM: Nutrition and Athletic Performance. J Acad Nutr Diet, 116(3), 501-528. Fuente de la recomendación oficial de 60g/h las primeras 2,5h y hasta 90g/h en esfuerzos más largos.
  6. Jeukendrup A (2013) The new carbohydrate intake recommendations. Nestlé Nutrition Institute Workshop Series, 75, 63-71. Revisión donde el propio investigador que lideró los estudios de transportadores traduce el hallazgo de laboratorio en recomendación práctica. Nota: publicado en una serie editada con patrocinio de Nestlé; el hallazgo de laboratorio que traduce está ya verificado de forma independiente en Jeukendrup & Jentjens (2000) y Jentjens et al. (2004), citados por separado en este reportaje.
  7. Podlogar T, Bokal Š, Cirnski S, Wallis GA (2022) Increased exogenous but unaltered endogenous carbohydrate oxidation with combined fructose-maltodextrin ingested at 120 g/h versus 90 g/h at different ratios. Eur J Appl Physiol, 122(11), 2393-2401. Once ciclistas muy entrenados; a 120g/h sube la oxidación de lo ingerido pero no baja el uso de glucógeno propio.
  8. Viribay A, Arribalzaga S, Mielgo-Ayuso J, Castañeda-Babarro A, Seco-Calvo J, Urdampilleta A (2020) Effects of 120 g/h of Carbohydrates Intake during a Mountain Marathon on Exercise-Induced Muscle Damage in Elite Runners. Nutrients, 12(5), 1367. Ensayo de campo en maratón de montaña con 20 corredores de élite y entrenamiento intestinal previo. Verificado en PubMed (PMID: 32403259).
  9. Urdampilleta A, Arribalzaga S, Viribay A, Castañeda-Babarro A, Seco-Calvo J, Mielgo-Ayuso J (2020) Effects of 120 vs. 60 and 90 g/h Carbohydrate Intake during a Trail Marathon on Neuromuscular Function and High Intensity Run Capacity Recovery. Nutrients, 12(7), 2094. Mismo equipo y mismo diseño experimental que el estudio anterior, midiendo función neuromuscular en lugar de daño muscular; la muestra final analizada no coincide exactamente entre ambas publicaciones (20 frente a 26 corredores).
  10. Plews DJ, Booth PD, Krieger T, Maunder E (2026) Fuelled or Fooled? Examining the Evidence and Mechanisms Behind Ultra-High Carbohydrate Intake in Endurance Athletes. Sports Medicine, 1-22. Revisión que concluye que el beneficio de rendimiento por encima de 90g/h tiene retornos decrecientes y sin dosis-respuesta clara para la mayoría, y recoge el dato de variabilidad individual de Hearris et al. (2022): entre 1,3 y 1,9 g/min de oxidación entre distintos corredores con el mismo protocolo estandarizado de 120g/h.
  11. Hearris MA, Pugh JN, Langan-Evans C, Mann SJ, Burke L, Stellingwerff T, Gonzalez JT, Morton JP (2022) 13C-glucose-fructose labeling reveals comparable exogenous CHO oxidation during exercise when consuming 120 g/h in fluid, gel, jelly chew, or coingestion. J Appl Physiol, 132(6), 1394-1406. Nueve ciclistas entrenados, mismo protocolo a 120g/h en bebida, gel, gominola masticable y combinación: tasas de oxidación equivalentes entre formatos (todas p>0,05). Fuente también del rango de variabilidad individual (1,3-1,9 g/min) citado por Plews et al.
  12. Guillochon M, Rowlands DS (2017) Solid, Gel, and Liquid Carbohydrate Format Effects on Gut Comfort and Performance. Int J Sport Nutr Exerc Metab, 27(3), 247-254. Doce ciclistas entrenados comparando barrita, gel, bebida y combinación a 80g/h: la barrita aumentó varios síntomas digestivos y el rendimiento fue peor que con gel, probablemente por su mayor contenido de grasa, proteína y energía total.
  13. Jiménez-Alfageme R, Pino-Garrone F, Rodriguez-Sanchez N, Romero-García D, Sospedra I, Giménez-Monzó D, Ayala-Guzmán CI, Martínez-Sanz JM (2025) Nutritional Intake and Timing of Marathon Runners: Influence of Athlete's Characteristics and Fueling Practices on Finishing Time. Sports Medicine - Open, 11, 26. 160 corredores populares del Maratón de Sevilla 2022: ingesta media real de 35±17 g/h, muy por debajo de la recomendación. Nota: el resumen del artículo (60-90g/h) no coincide con su propia tabla de resultados (30-60g/h, p=0,035); el dato usado en este reportaje es el de la tabla, verificado en el texto completo (PMID: 40089940).
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